lunes, 28 de mayo de 2012

MARILYN VIVE ARRIBA (en el cielo no hay Chanel)

De Alfredo Amestoy
Periodista, escritor, publicista y comunicador

Yo diría que esta sátira no hubiera tenido ocasión de producirse en la vida real, entre otras cosas y principalmente, porque Miller no fué precisamente el que más amó a Marilyn. Y no es que lo diga yo, es un hecho que demostró durante toda su vida, después de perder, para siempre, a la que fue su mujer. En cualquiera de los casos, es un relato que, conociendo a Alfredo Amestoy, es normal que así lo deje plasmado en papeles, porque él es así, simplemente... sátiro, sarcastico y ácido. Voy a comunicarme con Alfredo, para que se apiade de mí y me haga cómplice del feliz/infeliz final de esta sátira escrita en tono inteligente y ameno que, creo, aún está sin estrenar.
Antonio Delgado



(En escena se ven dos puertas metálicas de ascensor. Entre los dos ascensores, un mostrador. Nadie está en el mostrador cuando se abre la puerta del ascensor de la izquierda y aparece un hombre mayor, alto, delgado, con gafas. Es Arthur Miller). 

Siete años después de su muerte, y tras la expiación de sus faltas en el purgatorio de los judíos, Arthur Miller llega al limbo de los justos. Allí lo recibe Albert Einstein, que es el encargado del registro de los hebreos en el más allá. El dramaturgo se presenta en la recepción.

MILLER: Soy judío, y lo mismo que tu fuiste en la tierra Albert Einstein, yo fui Arthur Miller…

EINSTEIN: Cinco años antes de morir, yo vi una obra de teatro de un joven autor con ese nombre. Creo que era La vida de un viajante…

MILLER: …La muerte de un viajante. Por esa obra me dieron el Premio Pulitzer. Cuando tú falleciste yo era muy conocido. Sobre todo, por mi matrimonio con una actriz que se llamaba Marilyn.

EINSTEIN: Claro que me acuerdo de aquella mujer tan espectacular, pero no me enteré de esa historia tuya porque yo ya estaría enfermo.

MILLER: Poco después de tu muerte me casé con ella. Por cierto, nos casamos por nuestro rito, porque ella se hizo judía…

EINSTEIN: Y, ¿qué es de ella? ¿Será ya muy mayor?

MILLER: De vivir, ahora tendría 86 años; pero murió en 1962.

EINSTEIN: ¡Murió muy joven!

MILLER: Tenía 36 años. Era la persona más generosa que he conocido. Nunca miraba por ella.

EINSTEIN: La belleza no mira. Es sólo mirada. (Einstein empieza a hojear el libro con el que ha venido y que tiene sobre el mostrador). Recuérdame como se llamaba tu mujer… ¿Marilyn?

MILLER: Monroe, Marilyn Monroe. ¿Qué vas a mirar?

EINSTEIN: Voy a ver por dónde puede andar.

MILLER: No creo que esté arriba. Aunque nadie lo pudo demostrar, dicen que se suicidó. Y lo que yo tengo oído es que los suicidas no tienen entrada en la gloria. Tú te acordarás de que ni siquiera podían ser enterrados en sagrado, en los cementerios cristianos.

(Einstein tiene problemas para localizar a Marilyn; por eso recurre a Groucho Marx, que, también allí, sigue siendo el más correveidile y chismoso de la comunidad judía. Lo localiza, pero Groucho, que siempre se queja de todo, comenta que hasta los diablos le plagian, cuando todavía sus derechos de autor pertenecen a sus descendientes).

EINSTEIN: ¿Qué te importarán a ti los descendientes? Tú dijiste: "¿Por qué debo preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?".

GROUCHO: ¡Nada! Tienes razón. Estoy muy descontento con mis herederos. Les dejé una fortuna, pero no han respetado ni mi última voluntad. Les pedí que pusieran en mi tumba este epitafio: "Perdonen, señores, que no me levante".

EINSTEIN:Y, ¿qué te pusieron?

GROUCHO: Sólo el nombre, las fechas de mi nacimiento y de mi muerte. ¡Ah! Y la estrella de David.

MILLER: Menos mal. A Marilyn, su exmarido, Joe di Maggio, que se ocupó de todo y no me dejó ni ir al entierro, no le puso ni la estrella de David ni la estrella de Hollywood…

EINSTEIN: Si sólo fue judía mientras estuvo casada contigo, era lógico que no le pusieran la estrella de David.

MILLER: Pero tampoco le respetaron el epitafio que tenía previsto.

GROUCHO: No sabía que Marilyn hubiera pensado en eso. ¿Cuál era la frase?

MILLER: No era una frase. Sólo dos palabras." Marilyn, rubia". ¡Ah! Y tres cifras.

GROUCHO: Yo sólo tengo dos cifras en mi tumba: 1890 y 1977.

MILLER: Es que tú no eres mujer. Las mujeres tienen tres. Las tres cifras de Marilyn eran especiales; 94-58-91…(Miller, al tiempo que dice las cifras, dibuja en el aire las curvas femeninas).

GROUCHO: (Mirando a Einstein) Esa sí que es una fórmula de física nuclear, no las tuyas…
(Einstein, mientras Groucho va en busca de Marilyn, les presenta a Miller y a Kafka. Este ha bajado a conocer al dramaturgo. Vuelve Groucho y dice que ya han avisado a Marilyn y que ha sido autorizada a salir de la gloria para visitar el limbo… Cuando se abre la puerta del ascensor, aparece Marilyn, que ni siquiera los mira).

GROUCHO: Arthur, aquí la tienes. Debe ser Marilyn.

MILLER: No creo. Además no nos reconoce a nosotros. No será ella.

GROUCHO: Marilyn, ¿no te acuerdas? Él es Arthur Miller, el que fue tu marido en la Tierra. Y yo soy Groucho, Groucho Marx. De los hermanos Marx, de Hollywood… Hemos trabajado juntos.

(Marilyn los observa con curiosidad y extrañeza, pero no pierde la leve sonrisa que luce desde que ha aparecido).

MILLER: A lo mejor no nos identifica. Ella ha cambiado mucho, pero nosotros también.

GROUCHO: Aunque hayamos cambiado, le acabamos de decir quiénes somos…

(Por su histrionismo, Marilyn sólo se fija en Groucho. Él es quien acapara su atención).

MARILYN: ¿Quién fue mi marido? (Mira a Groucho) ¿Tú fuiste mi marido?

GROUCHO: No. Pero yo podía haber sido tu marido, ¿no te acuerdas?

(Marilyn pone cara de extrañeza y hace como que no se acuerda de nada).

GROUCHO: Sí, mujer. Fue en 1949, luego tenías (piensa) 24… ¡No, 23 años!… No había en América, no había en el mundo, una mujer como tú. Entraste en mi despacho y…

(una joven Marilyn entra en escena y, caminando, reproduce la escena con Groucho del relato que hace de la anécdota el propio Groucho Marx).

Y te pregunté: "¿Qué puedo hacer por usted? Y mirando al público comentaba, "qué pregunta tan ridícula, ¿verdad?". Entonces, tú, mientras me ponías una mano en el hombro, me decías ronroneando: "Señor Grunion, necesito que me ayude". "¿Cuál es su problema?", te pregunté, y me respondiste muy asustada: "¡Unos hombres me están siguiendo!". "¿De veras?", te pregunté. Tú te alejaste contoneándote, y yo mirándote comenté: "¡No entiendo por qué!" 

(la "doble" sale de escena).

Nunca vi a una mujer mover las caderas como tú lo hiciste.

(Marilyn recupera, poco a poco, la memoria y, por fin, ve en Miller al que fue su marido).

MILLER: ¿No te acuerdas de mí? He venido a buscarte en cuanto he podido. Después de mi muerte he tenido que estar siete años en el lugar judío de la expiación. Te he querido mucho y debo decirte que no dejé de pensar en ti un solo día de mi vida.

MARILYN: Siento que tú estuvieras triste mientras yo alcanzaba aquí la total felicidad. No lo podía imaginar porque, querido Arthur, no viniste a mi entierro.

GROUCHO: Está claro que Marilyn perdona pero no olvida. Creo que está recuperando poco a poco la memoria. Freud, en el que ella creía tanto, quizás la pueda ayudar. Os dejo. Voy a ver si lo encuentro.

(Mientras Groucho va en busca de Sigmund Freud, al que tanto admiraba y leía Marilyn cuando se aficionó al psicoanálisis, Miller ayuda a la que fue su mujer a poner en orden pasajes de su vida que ella ha olvidado totalmente. Por ejemplo, el nombre de Sinatra no le dice nada).

MARILYN: Recuerdo que mi padre, quiero decir mi marido, Joe, un día casi me pega al volver a casa porque con el viento se me levantaron las faldas y todos los que pasaban por la calle me vieron las piernas.

MILLER: Se enfadó contigo y te habló por vez primera de divorcio. Pero no ocurrió como dices. Estabas haciendo una película, La tentacion vive arriba, y en la calle Lexington de Nueva York, al pasar por una rejilla, el aire que subía del metro hacía que se te vieran hasta las bragas…

(La doble de Marilyn reproduce la escena de la falda en The Seven Year Itchs, título original del filme).

MARILYN: ¡Menos mal que llevaba bragas!

MILLER: Desde luego. Mientras viviste conmigo siempre llevaste ropa interior. Antes, parece que no siempre. Y, después, Sinatra contó que en su casa andabas como Dios te trajo al mundo. Que, por cierto, yo creía que ahí arriba estábais como los angelitos, o sea, que Dios os cogía como os había llevado al mundo: en cueros.

MARILYN: ¿Quién es Sinatra, en cuya casa yo no llevaba ropa?

(Marilyn recupera recuerdos e incluso le revela a Miller historias que su marido ignoraba. Sin embargo, ha de ser Arthur quien le cuente lo que ocurrió después de su muerte y que ella mal puede recordar porque no lo vivió).

MARILYN: ¡Claro que me gustaba Cole Porter! Pero mi gran descubrimiento, al tiempo que leía a Dostoievski, fue Tchaikovsky.

MILLER: Porque no se enteraron los del FBI, si no… Yo vigilado por comunista , tú obsesionada con todo lo que fuera ruso.

MARILYN: Estas aficiones mías las conocía mucha gente.

MILLER: Desde luego. Por eso en tu funeral tocaron…

MARILYN: Dime, dime, ¿qué musica tocaron?

MILLER: Lo publicaron los periódicos: la Sexta Sinfonía de Tchaikovsky y creo que también Over the Rainbow, de El mago de Oz.

MARILYN: Esa canción, cantada por Judy Garland, me levantaba siempre el ánimo.

MILLER: Se comentó mucho que el sacerdote te había dedicado una frase del Libro de Amós que dice : " ¡Qué maravillosamente fue hecha por su creador!". Cuando lo leí , pensé que habían acertado porque tu mayor preocupación era siempre ser maravillosa. Decías: "Quiero ser natural", y querías sacar la parte mas auténtica de tu ser.
MARILYN: ¿Tú crees que lo conseguí? Yo creo que no. Mi vida, Arthur, fue un fracaso.

MILLER: (Logra cogerle las manos) ¿Tu vida? ¿Cuál de tus vidas? Porque todos tenemos muchas vidas. Yo he tenido seis, siete vidas… Y por supuesto mi vida contigo fue la mejor.

MARILYN: ¿La mejor?

MILLER: La más apasionante.

MARILYN: No es lo mismo. Yo no puedo decirte si tuve varias vidas. No me acuerdo. Si sé que tuve dos, desde niña… La mía y la de mi criatura, Marilyn.

MILLER: Lo he pensado más de una vez. Y si Groucho consigue que venga Freud, él nos podrá explicar que no solo tú creaste a Marylin, sino que tú la mataste.

MARILYN: ¿Cómo iba a matarla , si yo la había creado?

MILLER: Yo también engendré a mi hijo con síndrome de Down. Y, a lo mejor, hubiera sido capaz de matarlo. Pero a mí me faltó valor. Tú fuiste más valiente .

MARILYN: ¿Por qué había de matarla, si ella, Marilyn , me había dado todo?

MILLER: Porque ya no te gustaba. Norma vio a Marilyn en el espejo con 36 años, con la mirada apagada, la sonrisa triste, la piel seca y el pelo lacio. Y la mataste.

MARILYN: Puede ser . Pero no tenía más solución . Yo no podía destruirla a ella y yo continuar viva.

MILLER: No pensaste en ello. No imaginaste que no te iba a dejar aquí, que te arrastraría y te llevaría con ella. Hiciste mal porque la gente te quería también a ti, no solo a Marilyn.

MARILYN: ¿Quién soy yo ahora?

MILLER: Tu aquí eres Norma, la que tenía el alma.

MARILYN: Y, ¿ dónde está Marilyn?

MILLER: En un nicho del Westwood Village, el cementerio de Los Ángeles donde también, cerca de los restos de tu Marilyn, están los restos de tu admirada Jean Harlow.

(Miller consigue que Marilyn, tan distante y "en la nube", se humanice y comience a interesarse por lo que pasó en el mundo después de su marcha. Sobre todo, por lo que ha tenido relación con ella).

GROUCHO: Ignoro cuál es el motivo de vuestra risa: ¿no era yo el único que contaba cosas graciosas? Dejadme que os presente a Sigmund Freud. Sigmund, ella es la que fue una famosa actriz, Marilyn Monroe, y él, su marido, el dramaturgo, que tampoco pudiste conocer, judío como nosotros, Arthur Miller.

FREUD: ¡Shalom!

MILLER: Nos reíamos de la historia de un traje que lució Marilyn en una película y que un señor que lo compró en una subasta prohibió que lo limpiaran para que no perdiera el olor de mi mujer.

FREUD: El olfato puede activar recuerdos y sensaciones perdidas y estimular la libido. La patogenia de las psiconeurosis tienen su origen en traumas y represiones que nacen en la infancia y pueden desembocar en obsesiones como la de necesitar el olor para excitar emociones y afectos.

GROUCHO: (Se acerca a Marilyn) ¿Me dejas que te huela un poco? (Le huele el pelo, por detrás y por delante) Arthur , tu mujer no huele a nada. Recuerdo que era la estrella que mejor olía en Hollywood.

MILLER: Todo el mundo sabía que Marilyn gastaba más en perfumes que en ropa interior.

GROUCHO: En el cielo, ¿qué te pones para dormir?

MARILYN: En el cielo no hay Chanel.

GROUCHO: Mala cosa. Coco Chanel dijo que "una mujer sin perfume no tiene futuro".

MILLER: El doctor Freud no sabe la razón de la pregunta de Groucho. Un día preguntaron a Marilyn que se ponía para dormir y ella respondió que para dormir se ponía Chanel nº5…

(Freud intima con Marilyn, pero Groucho, Miller e Einstein comprueban que el doctor no logra desentrañar la personalidad de una mujer que -todos se dan cuenta- no necesitaba del psicoanálisis, porque siempre supo lo que quería. Y Arthur Miller va estar de acuerdo).

MARILYN: ¿Qué fui yo? ¿Una mujer excepcional o una mujer normal? Yo no fui una mujer excepcional porque no fui una mujer fatal, devoradora de hombres, ¿verdad que no, Arthur? (Miller lo niega con la cabeza). Fui más bien una mujer normal y entonces, según el doctor Freud, fui un problema para mí misma.

MILLER: No eras un problema porque te conocías perfectamente. Tu escogías tus vestidos, tú estudiaste el color de tu pelo y probaste nueve tintes rubios distintos hasta que diste con el que te gustaba; tú sacaste partido de tu miopía hasta convertirla en una mirada de seducción, tu sabías cuándo ponerte o quitarte el lunar en la mejilla, tú fuiste la primera estrella en exigir en los contratos que no rodarías en los días que tuvieras la menstruación, y ¡claro que resolvías tus problemas! A veces de forma peligrosa, como cuando no entrabas en un vestido y adelgazabas tres kilos en 24 horas poniéndote un par de lavativas. Tenías una gran fuerza de voluntad. Eras comprensiva para los demás, pero intransigente contigo misma.

MARILYN: No tenía más remedio, Arthur. Tenía que esforzarme porque no sabía hacer nada. Era una inútil. No sabía cocinar, ni coser, ni poner la lavadora, ni escribir a máquina, ni hablar francés…

MILLER: Un poco sí. Con Yves Montand tuviste un buen profesor.

MARILYN: ¡Oh! Yves il etait très gentil.

(Para que quede clara la decepción que se llevó con el psicoanálisis y con la psiquiatría, Marilyn quiere que Freud se entere de quiénes fueron los responsables de su muerte. El doctor no va a saber qué responderle. Y Marilyn también toma a broma "la nube del Sinaí", que tanto inquieta a los judios).

MARILYN: Mi nube sinaítica fue el psiquiatra, el Dr. Greenson, y su cómplice el Dr. Engelberg, que me llevaron a la muerte con sus inyecciones y sus enemas. Ya nada de esto me importa, pero mis frustraciones no tuvieron mucha relación con la infancia. Los sueños se satisfacen algun día. Yo fui una niña a la que nunca llevaron al circo. Pero, ya de mayor, un día, en una colosal función de circo que hubo en el Madison Square Garden yo salí, como una reina, en una espectacular apoteosis, con muy poca ropa y sobre un elefante que habían pintado de rosa. Fue fantástico.

GROUCHO: Sin duda. Y un sueño que ninguna niña rica pudo realizar. Ni siquiera Jacky Kennedy. Tampoco Elizabeth Taylor, que en Cleopatra iba en un elefante, pero gris, muy vulgar.

FREUD: Realmente hay sueños que no hay que interpretar, sino realizar. Pero no todos los sueños son realizables. La gente sublima sus frustraciones o trata de resolverlas con la sexualidad y, al no conseguirlo, se vuelven masoquistas. Ignoro si ese fue tu caso, o lo que es peor, buscan la solución en el impulso tanático, en la muerte.

(Einstein y Freud, animados por Groucho, discuten sobre el psicoanalisis y la Teoría de la Relatividad, sobre la libido y la inocencia. Miller recuerda que Marilyn nunca fue una mujer lasciva, "ni ingenua ni perversa" y que Norman Mailer la llamó "el dulce ángel del sexo". Recuerdan el "happy birthday to you" de Marilyn a Kennedy, la relación de Arthur Miller con el presidente y cómo hubiera cambiado el mundo en los años 60 de no haber muerto JFK).

MARILYN: Y, ¿por qué se malogró todo con la muerte de Kennedy?, ¿cuándo ha muerto John?

MILLER: Perdona que no te lo haya dicho antes. Lógicamente, ignoras todo lo que ocurrió en el mundo una vez que llegaste aquí. Tu amigo, el presidente, murió un año después que tú… asesinado.

MARILYN: ¡No es posible! Y, ¿por qué?, ¿quién lo asesinó?

MILLER: Un desconocido pero, sin duda, se trató de una conspiración. Se ignora quién estaba detrás.

EINSTEIN: ¡Lo mismo que en Sarajevo en 1914!

MARILYN: ¡Pobre John! ¿Qué paso con Jacqueline?

MILLER: Se casó con, no sé si te acordarás, el multimillonario griego Aristóteles Onassis. Creo que te debo contar, porque también se dice que tuviste relación con él, que el hermano de John, Robert, murió asesinado cinco años después que el presidente.

MARILYN: ¡Qué desgracia! Un hombre tan bueno, y con el que quisieron complicarme. Quería mucho a su mujer y tenía seis o siete hijos.

MILLER: 11, 11 hijos cuando murió.

MARILYN: ¿11? ¡Qué barbaridad! Luchó por los derechos civiles, me pareció muy maduro. Era muy buen bailarín y tenía un gran sentido del humor.

(Martin Luther King, la llegada del hombre a la Luna -"desde el cielo no se ven la Luna ni las estrellas, porque en el cielo nunca es de noche", dice Marilyn- Cuba, Fidel Castro y el Che Guevara. Miller le revela que si ella es la mujer más conocida en los cinco continentes, el hombre -cuya imagen es más reproducida y es su gran competidor- es el Che. Le cuenta el trágico final del guerrillero. Marilyn se interesa por su suerte y, localizado en el infierno, Marilyn logra liberarle. Cuando lo llevan ante Miller y Marilyn, el Che no comprende nada).

CHE: Me han dicho que sois Arthur Miller y Marilyn Monroe. Muy importante debe ser vuestra misión para que me hayan permitido abandonar el infierno… ¿No tendré que reencarnarme de nuevo? ¿Qué os trae aquí?

MILLER: Nada nos trae puesto que aquí estamos. Y descuida que, al parecer, nadie vuelve a nacer.

CHE: Pero grande debe ser vuestra influencia, o grave vuestra acusación. Supongo que no queréis empeorar mi estado.

MARILYN: Tranquilo, Ernesto. Yo soy la responsable de esta indulgencia que te conceden desde la gloria y que han permitido tus guardianes del infierno.

MILLER: Así es, yo acabo de ser destinado al limbo de los justos, pero en las alturas han comprendido el lógico deseo de verte que ha mostrado Marilyn, después de que yo le dijera que vuestros rostros están en millones de posters en todos los continentes y que tú y ella sois los personajes que, despues de 50 años, despertáis mayor atracción, por no decir seducción, en todo el planeta.

CHE: ¿De qué seducción habláis? ¿O es que no saben en el mundo que yo en algún lugar debo estar pagando por mis culpas , mis errores, mis excesos y mis ambiciones? Y raro me resulta que tú (se dirige a Marilyn) no hayas corrido la misma suerte. Se dijo que te habías suicidado o, ¿ fue cierto que te asesinaron los de la CIA y por eso te han recompensado con la salvacion eterna?

MILLER: Camarada, Marilyn está en la gloria porque se arrepintió y no me parece bien que te ensañes con esta mujer que, aunque no te conocía, celebró tu espíritu revolucionario. E ignoraba tu final, porque murió cinco años antes de que te mataran en Bolivia.

CHE: Me ejecutaron. No me mataron en combate. Me cazaron y me ejecutaron sin juicio alguno.

MARILYN: Que más dará, nada termina bien. Ya lo dijo Dorothy Parker, que era más radical que todos nosotros: "No existen finales felices".

CHE: Creo que tú no te puedes quejar, compañera. Como decían en Cuba: "Estás en la gloria". Si tú supieras lo que es la vida ahí abajo, en el infierno…

(Está claro que Marilyn se ha compadecido del Che al que trata con gran cariño y ternura. Miller observa que está dispuesta a hacer lo imposible por este hombre del que solo oyó hablar cuando entró en Cuba, y de quien le cuentan que ahora es un mito al que adoran los jóvenes de todas las razas. Marilyn, sin consultar ni a Miller ni al diablo, se dirige directamente al piso más alto y va a ver a Dios. Arthur y el Che no pueden imaginar el resultado de su gestión).

MILLER: No nos digas que has logrado ver a Dios.

MARILYN: Ahí arriba todos lo vemos. Yo, además, he estado con él…

MILLER: Pues no lo parece. No hueles ni a incienso, ni a santidad… ¡Tanto que se habla del olor de santidad! ¡No hueles a nada! ¿Dónde está la famosa esencia, la quintaesencia?

MARILYN: El olfato es un sentido. En el cielo no hay sentidos. Sobran los olores. Ya te lo dije cuando me preguntaste por el Chanel. Ya no recuerdo el olor del Chanel nº 5.

MILLER: Te comprendo. Yo escribí que igual que en un sótano no puedes recordar el aroma de la rosa, aunque la veas, tampoco se puede recordar el amor, porque es como un aroma.

GROUCHO: Kafka os diría que eso es una pesadilla. Menos mal que luego tenemos a Freud para que nos interprete los sueños o los delirios, pero Freud no estudió el delirio ni la locura, sino la neurosis. El camino no es el sueño, sino el delirio, aunque yo no creo en delirios, en alucinaciones ni en fantasías…

CHE: Yo tampoco.

EINSTEIN: Pero hay que reconocer que hay dos formas de ver la vida. Una es creer que no existen milagros. La otra es creer que todo es milagro.

MARILYN: Yo no tengo más remedio que creer en los milagros. Os tengo que revelar cuál ha sido la santa voluntad de Dios.

MILLER: ¡No puede ser! ¡No me digas que Dios ha escuchado tu petición de clemencia para el Che y va ser indultado de la pena del infierno!

GROUCHO: Has tenido suerte, Guevara, encontrando por azar a Marilyn.

EINSTEIN: El azar no existe. Dios no juega a los dados.

MARILYN: No tiene necesidad. No juega a los dados ni a nada porque él siempre quiere que ganemos los demás. Ha sido muy fácil el pacto con Dios.

CHE: Yo creía que sólo se podía pactar con el diablo .¿Qué pacto has hecho con Dios?

MARILYN: Cuenta a Arthur Miller y al Che en qué ha consistido ese pacto...

(los dos hombres quedan desconcertados, pero Marilyn está dispuesta a todo con tal de salvar y redimir al "condenado" que, por ahora, no volverá al infierno).

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Pero estos últimos minutos de la obra, el desenlace, el imprevisto final, considera el autor que no deben ser desvelados.
¿Es un final feliz y va a desmentir Marilyn Monroe la afirmación de Dorothy Parker de que "no existen finales felices"?
Nos "huele" que sí, aunque dice Marilyn que en el cielo no sólo no hay Chanel, sino que no huele a nada, ni siquiera hay "olor de santidad".
Pronto, cuando se estrene o se publique Marilyn vive arriba, lo sabremos.